cápitulo 1: Mi vida en IRLANDA

mi vida en irlanda

MI VIDA EN IRLANDA

14 de Octubre de 2016

Ha comenzado mi aventura en tierras irlandesas.

Ayer dejé de lado físicamente solo mi vida, mi tierra, mi familia y mi rutina,

para embarcarme en una aventura que marcará mi vida en un futuro; vivir en un país de lengua inglesa durante unos meses.

 

Puede parecer sencillo decirlo, pero para los que no somos muy dotados en hablar ni aprender nuevas lenguas,

es todo un desafío. Y si a eso le sumamos que tengo familia, mujer y dos niñas pequeñas,

y que me cuesta una eternidad salir de mi entorno, o como dice mi mujer, de las faldas de mi madre,

el reto parece un muro imposible de derribar.

 

Pero, ¿ porqué comenzar esta odisea, si nadie me obliga?.

Bueno, puede parecer surrealista de comprender, pero en estos tiempo que vivimos las personas que somos maestros,

y aún no disponemos de una plaza en un colegio, con este nuevo plan de estudios,

si no manejamos una segunda lengua, como es el caso del inglés,

nos es muy difícil o mejor dicho, casi imposible el lograr ya no solo una plaza, sino una mera entrevista.

Puede resultar extraño, que en tu propio país, sea más importante saber inglés, que tu propia lengua,

o incluso se puede dar el caso que esté por delante tuya una persona que sabe inglés,

pero que no tiene ninguna experiencia, ninguna titulación, o exagerando puede tener antecedentes penales,

que seguro que le contratan antes que a ti.

Es frustrante ver como pasan los días sin que nadie te de una oportunidad,

pero sin embargo, te llegan noticia de que han contratado a otras personas que están menos capacitadas que tú,

pero que dominan a la perfección esa segunda lengua tan valorada como es el inglés,

aunque casi podríamos llamarla lengua materna o primera lengua porque parece ser que es más importante incluso.

 

Esta situación es la que me hace reflexionar y pensar que tengo dos opciones;

la primera es seguir esperado una oportunidad,

y la segunda es dejarlo todo y hacer una inmersión ligüística durante unos meses,

con el objetivo de intentar dominar esa codiciada lengua inglesa.

 

Así que opté por la segunda, y sin casi tiempo de pensar,

aquí estoy, en una cama que no es la mía, viviendo con una persona y en una casa que al venir no sabía que me iba a encontrar, como fuera una cita a ciegas, intentando entablar conversaciones en una lengua diferente a la mía,

y escribiendo un diario que no lo había hecho nunca en mi vida, “ never in my life” como se dice aquí.

 

Ayer día 13 de Octubre empezó esta aventura. Me levanté a las 7:30, desayuné como todos los días,

aunque mi cabeza sabía que no iba a ser un día como todos los anteriores.

Con la maleta ya preparada, mi mujer, mi hermana, mis dos hijas y yo,

nos montamos en el coche para primero dejar a la mayor en el colegio y a la segunda con su abuela,

porque los tres adultos teníamos un viaje hasta Francia para ir al Aeropuerto a que me montara en un avión.

Eso si, antes de ir hacia el país vecino, no faltaron unas cuantas lágrimas al dejar a mis dos niñas,

a las que no voy a volver a ver en una larga temporada.

Aunque prefiero no hablar mucho de esto porque me pongo muy triste.

 

Tras dos horas de coche, con pocas conversaciones de por medio,

parece que las cabezas estaban en otra cosa más que en hablar, llegamos al aeropuerto,

que por suerte es bastante pequeño y es fácil encontrar las cosas,

que para los que somos de una ciudad pequeña tipo pueblo, es mejor,

debido a que en las grandes superficies andamos algo desubicados.

Sin perder mucho tiempo, me despido de mi hermana y de mi media naranja,

que hace dos días igual no lo pensaba así, pero solo me ha hecho falta 24 horas para saber que no puedo vivir sin ella,

que es mi vida, mi motor, mi apoyo y mi alegría.

De mis hijas ya sabía que iba a sentir, debido a que son parte de mí,

pero con mi mujer tenía alguna duda de cómo iba a reaccionar mi corazón,

y la verdad que es una situación complicada porque por una parte me hubiera gustado no sentir esto,

porque así no sufro, pero por otra parte me encanta porque solo con 24 horas,

he podido apreciar, valorar y sentir, que la quiero con locura,

que la amo y que cuando vuelva no me pienso volver a separar ni un minuto más de ella.

Es triste que a veces tengan que pasar estas cosas para valorar lo que uno tiene en casa,

pero aunque sea solo por esto que me ha pasado, ya va a merecer la pena esta aventura,

porque en menos de 24 horas, ya me llevo algo positivo de esta locura de viaje que acabo de hacer.

 

Pero a lo que vamos, y entrando en materia.

Paso un control de seguridad, otro y otro hasta poder montarme en el avión,

no sin antes quitarme las botas para pasar por el control descalzo en un suelo de baldosas helado,

que digo yo, si me vas a hacer quitarme el calzado, no solo a mí, sino a la gran mayoría de personas,

pues no sé, poner una moqueta o una alfombra para no pasar frío ni mancharme los calcetines, digo yo.

Me subo al avión, cediendo mi sitio en ventana a una pareja que iba junto a mí,

porque realmente me da igual estar en pasillo o ventanilla,

al fin y al cabo si en el aire algo va mal, da igual donde te sientes, que al final todos vamos a contar lo mismo,

aunque creo que no precisamente ya en esta vida.

Lo curioso es que mi inmersión empezó ya en el aire,

porque esa pareja me preguntó si iba a Irlanda por vacaciones,

pero al hacer la pregunta en inglés, me toco demostrar mi nivel,

y por lo que parece y ellos mismos me dijeron, no era tan malo.

Ese primero contacto con la lengua me hizo ganar enteros,

ganar confianza y pensar que igual no era tan malo con el idioma como yo pensaba.

 

Igual todo esto había sido un espejismo, o que había tenido suerte con aquella pareja,

pero al llega a Dublin, necesitaba saber como poder llegar al pueblo donde realmente iba a vivir,

y me tocó volver a sacar mis armar e intentar preguntar en información del aeropuerto,

donde podía coger un autobús para llegar a Drogheda.

Pues no fue tan difícil, porque lo que me dijo, aunque muy rápido,

parece que lo entendí, porque no tuve problemas en encontrar el lugar donde aquella amable mujer me había indicado.

 

Me monté en el autobús, no sin antes por si acaso, preguntar al señor conductor si este era mi autobús,

ya que haber si por ir de valiente acabo en la otra punta de Irlanda.

En poco más de una hora, aunque he de reconocer que se me hizo eterno el trayecto,

por fin, llegué a mi destino.

Y no se me ocurre otra cosa nada más llegar que

como tenía un restaurante archiconocido de comida rápida delante de mis narices,

y llevaba sin comer desde el desayuno y eran más de las seis de la tarde,

caí en la tentación de gastarme mis primeros euros en Irlanda en dos hamburguesas y unos nuggets de pollo,

que hay que decir que mi estomago los recibió con los brazos abiertos.

Eso si, antes de comerlos, tuve mi tercer contacto con la lengua,

debido a que tuve que pedirlos a la dependienta, y evidentemente lo tuve que hacer en inglés,

aunque mi mujer, de manera graciosa,

me dijo antes de salir que usara los cajeros automáticos de hacer pedidos que de esa manera no tenía que hablar con nadie, pero pensándolo mejor, he venido aquí para hablar con gente y aprender,

no para hablar con máquinas, que para eso mejor me quedo en casa que se está mucho mejor.

 

Mi siguiente parada era llegar al centro, donde iba a poder venir a estudiar inglés,

a colaborar y donde se me había gestionado un alojamiento.

Fue fácil de encontrar, ya que previamente en España,

había recorrido la calles y el trayecto con una gran amigo como es Google maps,

que hay que decirlo, vaya invento de tecnología lo del muñequito amarillo para pasear por las calles de todos el mundo.

 

Al llegar al centro, me recibió un hombre grande de color,

que estaba al tanto de mi llegada,

y resultaba ser el marido de la mujer con la que había estado hablando por correo electrónico durante las dos semanas anteriores.

Nos entendimos bastante bien, y eso que su ronca voz en muchas ocasiones hacía difícil la comprensión de la conversación. Rápidamente uso tu teléfono móvil para llamar a un tal “indu”, que al parecer era el anfitrión de mi futura morada.

Salimos de su oficina y nos detuvimos en una pequeña puerta de madera antigua nada más cruzar la calle,

parece que lo que me habían dicho sobre la cercanía de la vivienda era verdad.

Al minuto, se abre la puerta y aparece un hombre pequeño, con rasgos paquistaníes,

los típicos que me atendían en antaño cuando en España me apetecía comprarme un Kebab,

con una bolsa de papel llena de restos de comida dentro,

que nos saluda y acude al instante a una papelera de la calle ha depositar sus pequeños desperdicios.

Esa persona era el tal “indu”, aunque en realidad es Indur, con una ere al final,

y era mi nuevo compañero de piso. De primeras mi nivel de entusiasmo había descendido un poco,

y la situación parecía que no iba a mejorar en exceso,

porque nada más atravesar esa puerta de madera,

no sin antes escuchar como gemía y la fuerza que tuvo que hacer el individuo para abrirla,

mis ojos vislumbrar un panorama un poco aterrador; olor a humedad,

paredes con poca pintura y una estrechez rara vez vista antes,

acompañado de una luz tenue que provenía de una bombilla colgada de un cable en el techo que nos daba la bienvenida a esta nueva vivienda.

Ascendimos dos pisos por una escalera empinada, estrecha y recubierta de una moqueta verde,

que mejor no pensar que terribles seres podrían estar ocultos bajo su cobertura,

y justo cuando llegamos a la última curva,

fue necesario saltar un televisor de tubo antiguo para acceder a la última recta hacia la puerta de entrada,

la cual nos recibiría con una especie de perchero con calcetines colgando,

como una especie de tendedero para secar ropa.

Pensé que igual era suficiente lo que había visto,

y que tal vez sería mejor buscar otra cosa, pero bueno, ya que habíamos superado este camino,

me intrigaba que nos depararía el interior.

Entramos y bueno, comparado con lo anterior no parecía estar tan mal,

al menos no olía a humedad, aunque si se podía percibir un agradable perfume con olor a comida de la India.

Comenzamos a hablar los tres hombres,

y me expusieron su idea sobre como habían pensado organiza la estancia en esta casa.

El planning era el siguiente: el dueño dormiría en el sofá y a mi me dejaban un cuarto con cama grande, armario y baño dentro de la habitación, que si la frase la acabo aquí es todo un lujo, pero como casi todo en la vida, hay un “pero”.

Esta palabra conllevaba que el armario era para compartir y que evidentemente el hombre entraría a hacer uso del baño, entrando lógicamente en mi habitación, con lo que ya me veía durmiendo a las noches,

y despertándome con una pequeña presencia que rodeaba mi cama para entrar al baño,

hacer uso de el, para lo que en ese momento tocara, y …bueno, no entro en más detalles.

Ahí estaba yo, con un panorama interesante,

y con un horizonte con dos caminos, o el que acababa de ver,

o buscar otra cosa, siendo las seis de la tarde, sin conocer a nadie, sin ser mi lengua y con ganas de descansar ya.

Así que pensé, que demonios, estoy a 30 segundos del centro de estudios,

en el corazón de la ciudad y con al menos mentalmente, un futuro compañero de piso, que no se le veía mala gente.

Así que dije, “OK, no problem”, aquí me quedo.

 

A los pocos minutos ya estaba acomodándome en mi habitación.

Mi compañero, al que a partir de ahora llamaré ya por su nombre,

comenzó a hacerme hueco en el armario para poder dejar el abrigo,

una camisa que me había traído y me dejó las dos baldas superiores para mi solo,

que ya estaban vacías, y que imagino que su motivo sería por encontrarse a más de dos metros de altura.

Me liberó también uno de los seis cajones de una cómoda rústica que estaba pegada al armario,

guardando cientos de tesoros que llevarían ahí escondidos y sin uso desde saber cuanto tiempo,

y los introdujo en una caja de cartón, para, imagino, permanecer en ella durante otros tantos años.

Pero bueno, parece que todo son cosas malas, pero, siempre hay algo que cambia el rumbo de las cosas,

y esa vez fue gracias al café.

Dejamos todo de lado, porque Indur muy amablemente me preguntó si quería café,

y yo visto el día que llevaba, creo que era lo mejor que podía hacer, tomarme un parón.

Este primer café sirvió para ir asentando las bases de una buena convivencia,

ya que charlamos distendidamente y en inglés durante más de dos horas,

y sí, ahora ya si que se podía decir que estaba definitivamente asentado y iniciando mi nueva vida en Irlanda.

 

Deja un comentario